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Considerada en la antiguedad como una de las 7 maravillas del mundo, todavía hoy los jardines colgantes de Babilonia hacen soñar a quienes piensan en ellos.
Fue Nabucodonosor II, legendario rey de Babilonia quien, aproximadamente unos 600 años antes de Cristo, los mandó a construir para darle gusto a su joven y amada esposa, Amitys.
Cuenta la historia que Amitys, princesa persa, extrañaba terriblemente el paisaje montañoso y fértil de su tierra natal.
Nabucodonosor entonces, mandó construir este zigurat o "montaña divina", construcción bastante común entre los babilónicos. De forma piramidal, los jardines colgantes se realizaron sobre terrazas escalonadas.
A diferencia de otros zigurats, a éste se le dotó de complejos sistemas hidráulicos capaces de elevar el agua todo lo necesario y que eran accionados por esclavos día y noche. Además se construyeron drenajes; alcantarillas; estanques; etc. que permitían un riego abundante y contínuo.
Fuertes muros ingeniosamente impermeabilizados lograron soportar el suelo que debía albergar impresionantes especies vegetales entre las que se cuentan los gigantescos cedros, sicomoros, palmeras y flores tales como tulipanes, lirios, jazmines, rosas.
Fácil imaginar la impresión que debe haber causado este espectáculo a los pasajeros, que a cientos de kilómetros de distancia, podían ya divisar esta magnífica montaña verde emergiendo en medio de la nada. Casi un espejismo cuya fama no tardó en extenderse por toda la zona. |